Texto do livro PRECONCEITO LINGÜÍSTICO, de Marcos Bagno, Edições Loyola.
Cap. IV – O preconceito contra a lingüística e os lingüistas;
1. uma religião mais velha do que o cristianismo. – pág. 173 a 175.
Tradução, idiomas, literatura e outras coisas…
Texto do livro PRECONCEITO LINGÜÍSTICO, de Marcos Bagno, Edições Loyola.
Cap. IV – O preconceito contra a lingüística e os lingüistas;
1. uma religião mais velha do que o cristianismo. – pág. 173 a 175.
(Traducido y adaptado de la versión original en portugués: post anterior)
La formación en ciencia lingüística que reciben los profesores de lengua materna a lo largo y ancho de todos los continentes del mundo es evidentemente imperfecta, magra y, sobre todo, poco o nada placentera.
La superficialidad de sus incursiones en la verdadera ciencia de la lengua durante sus estudios universitarios los aprisiona en aquella etapa en que aún no han accedido al proceso de liberación que propone la lingüística moderna. Solo entiende y vive este proceso el estudiante que pasa por el umbral del metalenguaje y el obstáculo de las abstracciones iniciales acerca de la lengua y el lenguaje, nuestro objeto de estudio.
La mayoría de los profesores de lengua del mundo actual han preferido dedicarse a los estudios literarios y sufrieron las materias de lingüística como un doloroso calvario que no podría generar nada menos que una visión frágil, acotada, simplificada, impositiva y, por sobre todo lo demás, desalentadora.
Sin este placer natural del descubrimiento, de la visión ampliada, menos extremista, menos absolutista de la estructura y los mecanismos fisiológicos y psicológicos del lenguaje humano, no hay motivación ni cariño en los actos de comunicación del conocimiento y, finalmente, la pedagogía termina sofocada por la falta de un maestro. Utilizo este término en su acepción más bien medieval y oriental. Un maestro sin pasión no desenvuelve una pedagogía en el sentido helénico del término. Desde Saussure, la lengua no es más que una construcción psíquica colectiva que actúa como base, de la cual nos servimos en un ritual constante que debería asemejarse a un banquete tántrico y bello, un usufructo de sus sabores. Sin embargo, vemos el desplacer provocado por el miedo, por la barrera inicial que representa la incomprensión que se transfiere del profesor al alumno y de este a todas las relaciones personales en las que está implicado el uso activo y consciente del lenguaje verbal.
Este desplacer, hermano del miedo, se traduce en el extremismo lingüístico; es decir, en una búsqueda desesperada por reglas absolutas y generalizadoras que me permitan sobrevivir en el naufragio personal que experimento en este océano desconocido y terrorífico. Una gran tormenta virtual y psicológica que se transmite del enseñante al enseñado: quizá un tipo de esquizofrenia del hablante nativo, cuyas visiones asumen la forma de monstruos sintácticos y de fantasmas que dictan reglas gramaticales absolutas.
En cuanto cruzamos el umbral del desconocimiento y vemos las raíces múltiples y bellas y las reglas generales -humanas y naturales- que rigen el lenguaje nuestro de todos los días, accedemos a este placer sensorial y, por tanto, tántrico de la comprensión y el uso consciente de cada pequeño pincel y de cada color de esta paleta que es nuestra lengua materna, sea la que fuere.
Y es con estos pinceles y colores que vamos creando nuestra propia habla, nuestro lenguaje: una obra prima única, individual, representativa y reveladora de nosotros mismos. Este placer sensual de un arquitecto y pintor también está hecho de ladrillos y estructuras, de técnica y uso efectivo, de variedad y observación. El propio Da Vinci dijo que el arte no existe sin la técnica. Así, pues, el uso avanzado de la lengua no se da sin la técnica. Esto no quiere decir que esta sea una celda o una prisión. La técnica es solamente el primer peldaño que nos lleva a la gran pista libre donde los límites siempre se pueden superar.
Gladstone Chaves de Melo, un conocido profesor con raíces en Minas Gerais y Rio de Janeiro, doctor en lengua portuguesa y autor de más de 30 obras, en su libro Iniciación a la filología portuguesa [1957:353], hace las siguientes ponderaciones en el capítulo intitulado “Cómo se debe estudiar la lengua“:
“Cualquier enseñanza de la lengua debe consistir en apurar el sentimiento del lenguaje. Mostrar lo que es cierto, llamar la atención para lo que está bien [...] Perfeccionar el gusto, despertar y fomentar el sentido de distinción, ejercitar la plasticidad de la inteligencia, para hacer comprender que para cada uso lingüístico hay un lenguaje especial, de tal forma que no es posible establecer esquemas rígidos, aplicables de forma grosera a todos los casos [...].
El tantrismo no es la orgía de la ignorancia y del instinto, es tántrica la bella sensualidad de lo que se hace con arte. Seamos conocedores y adoradores de nuestra lengua y vivamos sus extraordinarios placeres sensoriales, construyamos con belleza y libertad, degustemos las exquisiteces del sonido, la caricia que le regala el aire a la boca y a los labios; aprendamos las fórmulas lógicas para luego desestructurarlas con conciencia, para moldearlas con precisión; para que en cada palabra sintamos con placer el hecho de que somos todos potenciales artistas plásticos del verbo.
Más allá de lo que haya surgido de mi experiencia como lingüista, docente, traductor y consultor internacional en aprendizaje de idiomas, estas reflexiones de carácter científico-filosófico están vivamente inspiradas en mi experiencia personal como practicante del Método DeRose y en mi respectiva experiencia de su propuesta cultural. Este método propone el rescate de tradiciones milenarias de carácter naturalista (en oposición a un visión espiritualista) y sensorial, subraya su importancia y aplicabilidad en el mundo actual, invita a la libertad de acción, pensamiento y sentimiento y, finalmente, penetra y florece en todos los ámbitos de la vida humana de sus miles de practicantes en todo el mundo. Dirijo, por tanto, mis sinceros agradecimientos al Dr. DeRose, el sistematizador del Método que lleva muy merecidamente su nombre desde hace ya 50 años.
(Este texto también se ha publicado en español)
A formação em ciência linguística que recebem os professores de língua materna espalhados por todos os continentes do mundo é evidentemente falha, débil e, sobretudo, pouco prazerosa.
A superficialidade de suas incursões na verdadeira ciência da língua ao longo de seus estudos universitários aprisiona-os naquele estágio em que ainda não vivenciaram o prazer do processo de libertação proposto pela linguística moderna. Somente o estudante que transpôs o umbral da metalinguagem e o obstáculo das abstrações iniciais acerca da língua e da linguagem, nosso objeto de estudo, consegue entender e vivenciar este processo .
A maioria dos professores de língua materna do mundo atual preferiram o caminho dos estudos literários e penaram com as matérias de linguística, vistas como um verdadeiro e doloroso calvário, que não poderia desembocar em nada menos que uma visão frágil, abreviada, simplificada, impositora e, sobretudo, desestimulante.
Sem este natural prazer da descoberta, da visão mais ampla, menos extremista, menos absolutista da estrutura e dos mecanismos fisiológicos e psicológicos da linguagem humana, não há motivação nem carinho nos atos de comunicação do conhecimento e a pedagogia é sufocada pela falta do mestre. Um mestre desapaixonado não faz pedagogia, no sentido helênico do termo. A língua é, desde Saussure, somente uma construção psíquica coletiva de base, da qual nos servimos no que deveria ser um banquete tântrico e belo, um usufruto de seus sabores. Porém, vemos o desprazer provocado pelo medo, pela barreira inicial da incompreensão que é transferida do professor para o aluno e deste para todas as suas relações que implicam o uso ativo e consciente da linguagem verbal.
Este desprazer, irmão do medo, traduz-se em extremismo linguístico; ou seja, em uma busca desesperada por regras absolutas e generalizantes que me permitam sobreviver em meu naufrágio pessoal neste oceano desconhecido e atemorizante. Uma grande tempestade virtual e psicológica que se transmite de ensinante a ensinado: talvez a esquizofrenia do falante nativo, cujas visões tomam a forma de monstros sintáticos e fantasmas que ditam regras gramaticais absolutas.
Quando cruzamos o umbral do desconhecimento e vemos as raízes múltiplas, belas e as regras gerais, humanas e naturais que regem a linguagem de todos os nossos dias, acessamos esse prazer sensorial, portanto, tântrico da compreensão e uso consciente de cada pequeno pincel e de cada cor desta palheta que é nossa língua materna, seja ela qual for.
E é com esses pincéis e cores que vamos criando nossa própria fala, nossa linguagem: uma obra prima única, individual, representativa e reveladora de nós mesmos. Este prazer sensual de arquiteto e pintor é feito também de tijolos e estruturas, de técnica e uso efetivo, de variedade e obervação. O próprio Da Vinci disse que não há arte sem técnica. Não há, pois, uso avançado da língua sem técnica. Isto não quer dizer que seja uma cela, uma prisão… é o primeiro degrau que nos leva à grande pista livre onde os limites sempre podem ser superados.
Gladstone Chaves de Melo, conhecido professor mineiro-carioca, doutor em língua portuguesa e autor de mais de 30 obras, em seu livro Iniciação à Filologia Portuguesa [1957:353] faz as seguintes ponderações no capítulo “Como se deve estudar a língua”:
“Todo o ensino da língua deve consistir em apurar o sentimento da linguagem. Mostrar o que está certo, chamar a atenção para o que está bem [...] Aprimorar o gosto, despertar e fomentar o senso de distinção, exercitar a plasticidade da inteligência, para fazer compreender que para cada uso linguístico há uma linguagem especial, de tal modo que não é possível estabelecer esquemas rígidos, grosseiramente aplicáveis a todos os casos [...].
“Se alguém traz no bolso do colete a regra seca de que não se começa a frase por pronome oblíquo, como poderá apreciar a beleza daqueles versos do Evangelho nas Selvas, de Fagundes Varela, quando Anchieta encontra uma índia cismarenta, lhe dirige a pergunta: ‘O que fazias, filha’?, e ouve como resposta: ‘Me lembrava dessa criança’? [...]
“Se alguém levou a sério a lição veiculada por Cândido de Figueiredo de que ‘não é bem português’ a colocação de porém no início de frase – não obstante as centenas de exemplos em contrário, desde os mais antigos até os mais modernos textos –, se alguém levou a sério a cerebrina teoria, não poderá saborear devidamente a beleza desta construção de A cruz mutilada, de Herculano: ‘Porém, quando mais te amo…’ ”
Tantrismo não é a orgia da ignorância e do instinto, tântrica é a sensualidade bela do que é feito com arte. Sejamos conhecedores e adoradores da nossa língua e vivenciemos seus prazeres sensoriais únicos, construamos com beleza e liberdade, saboreemos as delícias do som, o afago que o ar lhe presenteia à boca e aos lábios; aprendamos as fórmulas lógicas para as desestruturar com consciência, para moldar com precisão; para que a cada palavra sintamos o aprazível de sermos todos potenciais artistas plásticos do verbo.
Além dos fundamentos extraídos de minha experiência como linguista, docente, tradutor e consultor internacional em aprendizado de idiomas, estas reflexões de caráter científico-filosófico são vivamente inspiradas em minha experiência pessoal como praticante do Método DeRose e minha respectiva vivência de sua proposta cultural. Esta proposta resgata tradições milenares de corte naturalista e sensorial, destaca sua importância e aplicabilidade no mundo atual, convida à liberdade de ação, pensamento e sentimento e termina por permear e florescer em todos os âmbitos da vida humana dos seus milhares de praticantes em todo o mundo. Dirijo, portanto, meus sinceros agradecimentos ao Dr. DeRose, sistematizador do Método que muito merecidamente leva seu nome há já 50 anos.
Les recomiendo este blog con muchas aclaraciones para dudas comunes de los hispanohablantes:
No meu post prévio sobre o recurso retórico chamado quiasmo, citei também o fenômeno linguístico chamado cruzamento linguístico.
Como o cruzamento linguístico também é um tipo de hipercorreção, ou seja, uma tentativa que não deu certo de falar melhor uma língua, tive vontade de falar mais dele.
Os conceitos de certo e errado só são válidos quando falamos da norma culta da língua, usada em situações nas quais se faz necessária. Por isso, qualquer tipo de “correção” deve ser interpretada como um código de boa maneiras ou “etiqueta” para algumas situações específicas. Nas demais situações, informais, use o que quiser e fale como quiser. Afinal, a longo prazo o que determina uma língua é o uso da maioria, a norma culta é somente um conjunto normativo que tenta estabelecer um padrão que demora um pouco mais para ser atualizado que a fala diária das ruas – uma eterna mutante.
Neste caso específico a norma culta é lógica e, por isso, acho bacana conhecê-la:
Opção 1 (moderna): Já não + verbo = Não + verbo + mais
Ex.: Já não compro naquela loja.
Ex.: Não compro mais naquela loja.
Opção 2 (puritana): Já não + verbo (quando o foco é posto na ação que já não realizamos) / Não + verbo + mais (quando o foco é posto sobre o objeto agora indesejado, portanto, deveria ser acompanhado por um substantivo)
Ex.: Já não compro naquela loja. (foco na ação de comprar)
Ex.: Não compro mais roupa naquela loja. (foco no objeto comprado)
Costume rejeitado pela norma: Já não + verbo + mais (é um exagero desnecessário)
Ex.: Já não compro mais naquela loja.
Español: Las mismas reglas del portugués y el mismo fenómeno de sobrecorrección con el uso innecesario de “ya no” o “más” ocurren en español.
Se recomienda el uso de: Ya no compro en esa tienda. No compro más (billeteras) en esa tienda.
No se recomienda el uso de: Ya no compro más (billeteras) en esa tienda.
Curiosidade: Em francês e italiano só existe a forma com o correspondente em cada língua a “mais”.
FR: Je ne veux plus. IT: Non voglio più.